Casa de ladrillo en Pino de Bureba

Arquitectos: Enrique Jerez + Aida Fernández

Pino de Bureba, Burgos
2007-10
Cliente privado
Sup. 206 m2
Aparejador: Susana Renuncio
Contratista: Construcciones Álvaro Escudero
Metalistería: Herrería La Bureba

Esta sencilla vivienda fue construida en un medio rural relativamente aislado, por un contratista novel de la zona y con un presupuesto modesto. Los propietarios son un matrimonio de mediana edad que fundamentalmente habita la casa en verano y durante los fines de semana. En esas circunstancias, la apuesta por el ladrillo macizo tradicional (de Lerma) como material predominante fue decisiva para afrontar la obra con garantías. Se trata de un material en cuya perfecta imperfección residen su belleza y su adaptación al medio. Recordando la arquitectura de Lewerentz, la elección del aparejo y la junta se nos antojaba tan determinante como el propio material.

La vivienda se ubica en una irregular parcela pentagonal que absorbe el desnivel entre las calles circundantes. Aunque en la arquitectura tradicional del entorno predomina el ladrillo visto, las construcciones más próximas son recientes y sin interés. Tan solo destaca la modesta y antigua torre-campanario, situada a escasos metros.

La casa, cuyo alzado inclinado es muy visible desde la carretera de acceso al pueblo, se concibe como un volumen totalmente cerámico, tanto en sus fachadas (de ladrillo) como en sus cubiertas (de teja y baldosa cerámica). El cerramiento que delimita la parcela surge de prolongar las fachadas de la vivienda, por lo que todo el conjunto se entiende de manera unitaria. La citada irregularidad del solar ha llevado a desarrollar un cierto juego geométrico para configurar las plantas definitivas. La transición entre la vivienda y el garaje se articula mediante un patio triangular que ilumina lateralmente la cocina. La cubierta del garaje es a su vez una soleada terraza desde la que se puede disfrutar de los montes circundantes, plagados de pinos.

Ya en el interior, el espacio a doble altura de la sala de estar se erige en el verdadero núcleo de la casa. La ligera escalera metálica articula el necesario giro de la planta y conecta el nivel inferior con la doble altura, que actúa a modo de lucernario gracias a un hueco cuadrado que da acceso a la terraza e introduce la luz natural en la sala de estar.

Tanto el ladrillo como la extensa cubierta inclinada nos recordaban algunas arquitecturas domésticas nórdicas (Jacobsen, Aalto, Utzon…). Los huecos exteriores se resuelven con chapa de acero galvanizado, al igual que los remates de las cubiertas, las bajantes, la valla superior del cerramiento y la puerta del garaje.

Desde el exterior, la irregular calidez artesana del ladrillo contrasta con la precisa frialdad industrial del acero galvanizado. Interiormente, la cerámica y la madera se incorporan en tonos pardos similares al ladrillo, en contraste con la blancura de las paredes y los techos. Un diálogo entre lo industrial y lo artesano que creemos necesario, más si cabe en proyectos con este.