Consulado Joven de Burgos

Concurso

Burgos
2008
Cliente: Ayuntamiento de Burgos
Sup. 728 m2
Presupuesto: 1.279.250 €
Arquitectos: GJ + Aida Fernández, Leticia Rojas

El solar apunta hacia la Catedral de Burgos. A simple vista parece un vacío a completar. Sin embargo, el análisis de lo que circunda al solar obliga a una concepción mucho más ambiciosa, capaz de generar una plena identificación de los jóvenes burgaleses con su nuevo edificio.

Nuestra propuesta nace de un planteamiento urbano, consecuencia de una profunda reflexión y conocimiento del entorno. El edificio es fruto de la relación con un contexto urbano medieval intenso, y se aleja de planteamientos arquitectónicos autónomos u objetuales. Se proyecta desde la relación con el Casco Antiguo de Burgos, un área formada por la concatenación de plazas a diferentes niveles que comienza en el Castillo (origen de la ciudad) y termina a nivel de nuestro solar. Nos encontramos ante dos plazas a diferentes niveles. Lamentablemente, ambas se encuentran en la actualidad totalmente infrautilizadas.

La construcción del volumen capaz tal como plantea el PECH constreñiría excesivamente la Catedral a nivel de la plaza inferior. Es necesario más “espacio”. La plaza superior, a día de hoy un espacio marginal y difícilmente accesible a personas de movilidad reducida, reclama un uso que le dote de sentido. En este caso es necesario más “volumen”.

El proyecto resuelve esta doble carencia urbana con un sencillo doble gesto. En primer lugar, la fachada del volumen principal se retira hacia la medianera a la que se adosa, alejándose de la Catedral y ampliando el espacio de respeto hacia ella. En segundo lugar, los 518,22m3 retirados del primitivo volumen se reubican en otra pieza destinada a conectar los dos ámbitos y así dar sentido y uso a las dos plazas. El edificio emerge del subsuelo en forma de dos volúmenes minerales de vidrio traslúcido y transparente que se conectan por su sótano conformando un esquema volumétrico en U. Se aumenta el ángulo de visión que se tiene desde la Llana de Afuera sobre la fachada de la Catedral.

La pieza principal completa el macizo urbano y se plantea como un edificio flexible contenedor de espacios multiuso. Los espacios de servicio y despensa (“espacios sirvientes”, como decía Louis Kahn) regularizan el encuentro con el muro medianero dejando el frente completamente diáfano y acristalado (“espacios servidos”). El núcleo de comunicaciones plantea un recorrido helicoidal que va descubriendo cada una de las plantas, desde el sótano a la terraza al aire libre que corona esta pieza (tercera “plaza”). En este recorrido se va intuyendo la Catedral a través de un cerramiento cristalino que se abre en momentos determinados.

La pieza menor se entiende como un pequeño pabellón multiusos para la plaza superior, capaz de albergar exposiciones y acceso a las mismas, cafetería, recepciones, conciertos y otros espectáculos.

Desde el intersticio entre las dos piezas se puede ver lo que ocurre tanto en la planta bajo tierra como en la plaza elevada. En la planta subterránea se encuentra la sala de exposiciones, un espacio vivo de día y de noche que emerge a la superficie desde el lucernario - anuncio - triple altura. Este punto es probablemente el más rico desde un punto de vista espacial, pues desde él se es consciente de toda la actividad que se da cita en este solar tan complejo.

La mineralidad de los volúmenes se materializa mediante una piel cristalina, tersa, traslúcida, que mediante la “desatinación” de una serie de huecos permite la contemplación de la Catedral. Se utiliza el vidrio como elemento denso, generador de un volumen compacto de contorno claro, sencillo pero rotundo, intemporal. Un cerramiento cambiante de día y de noche, construido desde el rigor de lo repetitivo y lo singular, de lo igual y lo distinto. Un vidrio capaz de multiplicar la presencia de la Catedral a través de múltiples reflejos. Un vidrio vivo, que hace posible la metamorfosis del edificio a través de la luz, reflejando de día y convirtiéndose en dos elementos linterna capaces de dinamizar las plazas de noche.

De manera sencilla, casi austera, el proyecto da respuesta a la complejidad de un solar hasta ahora infravalorado, creando un espacio joven, abierto, renovado y vivo las 24 horas del día. Se plantea una intervención y una volumetría intemporal, sencilla, de máximo respeto a las preexistencias medievales, capaz de superar los vicios caligráficos actuales. Se trata de poner en valor este pequeño salón urbano, que queda para los burgaleses, al margen de la mediática plaza de la Catedral. Convertirlo en un espacio regenerado, apto para el disfrute de la juventud, siempre tan ávida de un ámbito propio en las ciudades de hoy, que cada día tienden más y más a convertirse en parques temáticos impersonales esclavas de sus joyas patrimoniales.